El Apagón de 2025 en España: La Confirmación de Nuestra Adicción al Móvil

El 28 de abril de 2025, España y Portugal vivieron un evento sin precedentes: un apagón eléctrico masivo que dejó sin luz a toda la península ibérica durante varias horas. Este colapso, que comenzó alrededor de las 12:33 horas y afectó a millones de hogares, empresas e infraestructuras críticas, no solo paralizó el transporte, los comercios y los servicios esenciales, sino que también puso en evidencia una realidad que muchos intuían pero que pocos habían enfrentado de manera tan cruda: la profunda dependencia de la sociedad española de los dispositivos móviles y la conectividad digital.

 

Un País en la Oscuridad, Desconectado del Mundo Digital

 

Cuando la luz se apagó, no solo se detuvieron los trenes, los semáforos y las líneas de producción; también colapsaron las redes de telecomunicaciones. Las antenas de telefonía móvil, que dependen de un suministro eléctrico constante, dejaron de funcionar en muchas zonas al agotarse las baterías de respaldo, que suelen durar entre 2 y 8 horas. Como resultado, millones de ciudadanos se encontraron sin cobertura, sin acceso a internet y, en muchos casos, sin posibilidad de realizar llamadas o enviar mensajes.

Este corte de conectividad generó una reacción inmediata que reveló hasta qué punto los móviles se han convertido en una extensión de nuestras vidas. En las calles de Madrid, Barcelona, Sevilla y otras ciudades, las personas, desconcertadas, se agrupaban alrededor de radios de pilas o coches con batería para obtener información, mientras otras intentaban desesperadamente conectarse a redes Wi-Fi o encontrar señal. Las redes sociales, cuando volvieron a funcionar parcialmente, se llenaron de quejas de usuarios que describían su frustración por la falta de conexión: “Después de toda la noche sin red y recuperarla hace un par de horas, se ha vuelto a caer. Qué desastre”, comentó un usuario en X.

 

La Ansiedad de los Más Jóvenes: Un Aislamiento Paradójico

 

El apagón tuvo un impacto especialmente notable en los adolescentes y jóvenes, un grupo demográfico que ha crecido con los smartphones como principal herramienta de comunicación, entretenimiento y socialización. Según Rocío Fernández-Durán, experta en orientación educativa, la desconexión total generó un “aislamiento paradójico”. Aunque el uso constante del móvil puede llevar al phubbing (ignorar a las personas presentes por estar pendientes del teléfono), la falta de acceso a las redes sociales y aplicaciones de mensajería intensificó la sensación de estar “fuera del mundo digital”, provocando ansiedad y preocupación entre los más jóvenes.

Este fenómeno no es nuevo, pero el apagón lo hizo evidente. Los adolescentes, acostumbrados a estar permanentemente conectados, se enfrentaron a una realidad en la que no podían consultar TikTok, responder mensajes en WhatsApp o actualizar sus estados en Instagram. Esta situación, aunque temporal, obligó a muchos a redescubrir formas de comunicación y ocio analógicas, como hablar cara a cara o buscar entretenimiento fuera de las pantallas, algo que para algunos resultó desconcertante.

 

La Fragilidad de Nuestra Dependencia Tecnológica

 

El apagón no solo afectó a los ciudadanos a nivel emocional, sino que también expuso la fragilidad de la infraestructura tecnológica moderna. Las telecomunicaciones, esenciales para la vida cotidiana, dependen en gran medida de la electricidad, y muchas antenas no cuentan con sistemas de respaldo suficientes. Este evento subrayó la necesidad de mejorar la resiliencia de las redes móviles, especialmente en un contexto en el que la sociedad depende cada vez más de la conectividad para trabajar, informarse y mantenerse en contacto.

Además, el apagón puso de manifiesto cómo los dispositivos móviles se han convertido en una herramienta crítica en situaciones de emergencia. Durante las horas de desconexión, las líneas de emergencia como el 112 también se vieron afectadas en algunas zonas, lo que complicó la respuesta a incidentes como el incendio en Carabanchel, Madrid, donde una mujer falleció, posiblemente por el uso de una vela durante el apagón. La falta de acceso a información oficial en tiempo real llevó a muchos a recurrir a rumores o informaciones no verificadas, un fenómeno que se agravó por la incapacidad de acceder a internet.

 

Lecciones para el Futuro: ¿Un Punto de Inflexión?

 

El apagón del 28 de abril de 2025 no solo fue un recordatorio de la vulnerabilidad del sistema eléctrico, sino también una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología. Expertos como Carlos Cagigal han advertido que eventos similares podrían repetirse si no se toman medidas para estabilizar la red eléctrica, especialmente en un contexto de alta dependencia de energías renovables, que pueden generar fluctuaciones en el suministro.

Por otro lado, el incidente ha abierto un debate sobre cómo gestionar la adicción al móvil. La ansiedad generada por la desconexión sugiere que es necesario fomentar un uso más consciente de la tecnología, especialmente entre los más jóvenes. Iniciativas como la educación en competencias digitales, el establecimiento de límites de tiempo de pantalla y la promoción de actividades offline podrían ayudar a mitigar esta dependencia.

 

Conclusión: Un Apagón que Iluminó una Verdad Incómoda

 

El apagón de 2025 no solo dejó a España a oscuras, sino que también iluminó una verdad incómoda: nuestra sociedad está profundamente atada a los dispositivos móviles, hasta el punto de que su ausencia genera desconcierto, ansiedad e incluso caos. Este evento histórico debería servir como una llamada de atención para diversificar nuestras formas de comunicación y entretenimiento, fortalecer la infraestructura tecnológica y, sobre todo, replantearnos nuestra relación con la tecnología. Porque, como demostró ese lunes de abril, cuando las pantallas se apagan, nos vemos obligados a enfrentarnos a nosotros mismos y a un mundo que, sin conexión, parece detenerse.

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